Un comentario sobre los papeles del 23F
Un comentario sobre los papeles del 23F
La cuestión no es saber quién participó de forma activa o pasiva, sino si logró o no sus objetivos políticos. No fue un verdadero golpe de Estado, fue un autogolpe que la burguesía promovió con tres objetivos: uno, legitimar la figura del rey, que en aquel momento se llamaba Juan Carlos I el Breve (todo el mundo sabía que era el heredero de Franco y, como reconoce Adolfo Suárez, nunca quisieron celebrar un referéndum sobre monarquía o república, sabían que lo perderían); segundo, cerrar la nueva estructura estatal con las autonomías a través de la LOAPA (Ley Orgánica de Armonización de las Autonomías), el «café para todos» que diluyó en el caldo de las autonomías regionales las reivindicaciones del derecho a decidir de las naciones (Galicia, Euskadi, Cataluña y Canarias), y tercero, el más estratégico para todo el imperialismo, la entrada en la OTAN.
Esto, de hecho, fue el detonante del golpe, ya que Adolfo Suárez, un buen falangista «patriota español», lo rechazó, y le obligaron a dimitir: el golpe tuvo lugar el mismo día en que se debatían su dimisión y el nombramiento de Calvo Sotelo como presidente del Gobierno, y fue Calvo Sotelo quien firmó la entrada de España en la OTAN.
La cuestión es que el golpe, como «acción militar», no tuvo éxito… pero ¿lo tuvieron sus objetivos políticos? Si es así, fue un descarado autogolpe que JC solo se dispuso a detener cuando todos los partidos, empezando por el PSOE, le dijeron que aceptaban esos tres objetivos. De hecho, fue el PSOE, bajo el gobierno de F. González, quien los llevó a cabo hasta el final tras las elecciones de 1982.