Ante la crisis política y social provocada en Ceuta
Ante la crisis política y social provocada en Ceuta

El Gobierno español y su socio en el norte de África, el Gobierno marroquí, con el que ahora se alinea, responsabilizan a las “mafias” como las causantes de las avalanchas, y de esta manera evitan entrar en las verdaderas razones de la crisis.
Lo sucedido con la entrada de 50 mil personas en la ciudad de Ceuta es, en realidad, la punta de un iceberg muy profundo, y abre una crisis política de primer orden en el Régimen del 78 y en la UE, a la que debemos dar una respuesta desde la clase obrera. La muerte de 88 personas inocentes es la trágica manifestación de una crisis que no tiene un solo factor desencadenante.
África ha sufrido históricamente, y continúa sufriendo, el expolio de las potencias imperialistas, con la complicidad de los regímenes títeres de los países africanos, y es la clase trabajadora del continente la que sufre las más severas consecuencias, viéndose obligada a migrar en busca de una vida mejor en las peores condiciones imaginables, y sin ninguna garantía de llegar al destino anhelado con vida.
Marruecos es, desde su independencia, una semicolonia de los imperialismos europeos, del francés y del español en concreto. La mayoría de las grandes multinacionales españolas que cotizan en el IBEX 35 tienen grandes inversiones: Inditex, Acciona, Meliá,…; los armadores gallegos son los principales saqueadores del banco pesquero saharaui bajo ocupación marroquí. Su armada cuenta con buques construidos en la ría de Vigo, en astilleros como Rodman Polyships o Freire Chipiar, o en astilleros de Cádiz; mientras que la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Galicia colabora regularmente con el Régimen marroquí en la construcción, reparación y transición energética de buques.
La estrecha relación entre Marruecos y el Régimen del 78 -con las monarquías al frente- únicamente tenía un punto negro, el Sahara Occidental, del que el Estado Español se desentendió de facto tras la Marcha Verde, aunque a día de hoy continúa siendo oficialmente la potencia administradora según la ONU. Los acuerdos de Madrid del 75 entregaban el territorio saharaui al Régimen semicolonial marroquí, y este garantizaba al capital imperialista español las inversiones en las minas de Fos Bucráa y el banco pesquero. Hipócritamente, el Estado español resolvió mantener un apoyo al derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui.
Todo esto cambió tras los acontecimientos del 2021 con la entrada de miles de migrantes en Ceuta y la presión de la primera administración Trump para reconocer la “marroquinidad” del Sáhara Occidental, que llevó al gobierno de Sánchez a aceptar las tesis del Régimen alauí y negar la autodeterminación del pueblo saharaui.
Estas tensiones entre la potencia imperialista, el Estado Español, y la semicolonia, Marruecos, han dado un salto de cualidad. El Régimen alauí se mantiene alineado con el bloque imperialista que lidera EEUU-Israel, junto con su, hoy por hoy, sumisa aliada, la UE, en la guerra híbrida que han desatado contra todo el mundo para evitar su decadencia como potencia hegemónica ante su gran competidor imperialista, China y sus aliados de los BRICS.
El Gobierno español, al profundizar en sus relaciones con China y los BRICS, de los que Argelia es uno de sus apoyos en el norte de África, se convierte a los ojos de EEUU en un “enemigo a batir”. Todos los gobiernos “trumpistas”, desde Milei hasta Meloni, pasando por la “oposición” de extrema derecha española, lo consideran un “traidor” en la guerra contra el enemigo chino y sus aliados.
El suministro de gas argelino al Estado español nunca se ha interrumpido; ni siquiera cuando en 2021 Argelia resolvió cerrar el gasoducto Magreb-Europa como represalia a la escalada represiva de Marruecos en el Sáhara Occidental, que proporcionaba a Marruecos importantes beneficios económicos. El suministro al Estado español continuó por otro gasoducto a través del mar. Aunque las relaciones diplomáticas y comerciales (excluyendo el gas) entre el régimen de Argel y el Estado español se vieron interrumpidas a partir de 2022, cuando este último negó la soberanía del pueblo saharaui, en julio de este año se ha acordado la vuelta a la normalidad, incluyendo un aumento del 10% de las exportaciones de gas argelino hacia el Estado español, lo que supone un nuevo acercamiento al bloque imperialista liderado por China, y, por lo tanto, uno de los factores clave en la actual crisis interimperialista. Este acuerdo fue la gota que colmó el vaso tanto para el Régimen alauita como para la administración Trump.
El Régimen marroquí, de esta manera, se convierte en el “Milei, Zelenski o Netanyahu” del Magreb y el norte de África; es decir, la herramienta para debilitar y hacer entrar en crisis a los gobiernos que son díscolos a los dictados de la administración estadounidense. No hace ni cuatro meses que los servicios secretos yanquis entregaron a la “justicia” española unas grabaciones para procesar al ex presidente Zapatero, en un proceso más que evidente de lawfare. El gobierno de Sánchez se une a los Petro, Lula, Maduro, Mamdani, el régimen iraní, …como objetivos a batir por EEUU en esa guerra por la hegemonía mundial entre las potencias imperialistas.
Las más de 88 personas muertas son víctimas de la barbarie capitalista y del mismo conflicto interimperialista que ya ha provocado genocidios, guerras y bombardeos en Palestina, Oriente Próximo, Ucrania, el Sahel, Sáhara Occidental, etc. Son las víctimas propiciatorias de un sistema, el capitalista, y sus gobiernos, que utilizan todos los medios a su alcance, violentos o pacíficos, para defender sus intereses por encima de los derechos de los pueblos y los/as trabajadores/as, que no les interesan para nada.
La clase obrera a nivel internacional, y en concreto, la de Europa, del Estado español, y Galicia, no puede asistir pasivamente a un drama diario en el que las personas migrantes son las que ponen los muertos, mientras los grandes capitales y los regímenes corruptos, como el marroquí, se enriquecen.
El pueblo marroquí tiene derecho a una vida digna y a su integridad territorial; pero un pueblo que oprime a otro jamás podrá ser libre, por lo que debe luchar contra la ocupación del Sáhara Occidental por Marruecos; como dijo hace unos meses un activista saharaui, el enemigo es el mismo, la monarquía de Mohamed VI y las distintas potencias imperialistas. La gran tarea es avanzar en la unidad de la clase obrera del Magreb, por una Federación Socialista del Magreb que respete los derechos de los pueblos (saharaui, rifeño, marroquí, argelino, etc.).
La clase obrera y los pueblos del Estado español y de Europa no pueden ser cómplices del Régimen del 78 ni de la UE, que tienen a Marruecos y el Magreb como su “patio trasero”, financiando y armando a sus regímenes burgueses. Esta complicidad de fondo entre los regímenes burgueses español y marroquí se demuestra por la defensa cerrada que el Gobierno español hizo del marroquí respecto a los hechos de Ceuta, presentándolo como “parte de la solución”, no del problema.
El gobierno del PSOE-SUMAR cree que los intereses del capital español en Marruecos están bien defendidos por la monarquía de Mohamed VI. El hecho de que ahora el Estado español (y la UE) entren parcialmente en conflicto con la administración Trump y con el sionismo en la arena marroquí, no los convierte en “los buenos” de la película; son potencias imperialistas que defienden sus intereses, no los de los pueblos y los/as trabajadores/as.
La clase obrera del Estado español y de Europa debe luchar contra sus propios gobiernos imperialistas, contra sus políticas de rearme, que tarde o temprano utilizarán contra los pueblos, si estos se levantan contra la opresión nacional colonial. Este es el mejor apoyo que la clase obrera de las potencias imperialistas puede ofrecer a los pueblos, para evitar que los/as trabajadores/as sigan jugándose la vida para huir de las dictaduras y de los regímenes dictatoriales que los imperialistas financian para mejor explotarlos y oprimirlos.
Si algo demuestra la crisis en la ciudad de Ceuta, es que hoy más que nunca es imprescindible levantar una alternativa obrera, revolucionaria e internacional, a través de una organización mundial que una la lucha de la clase obrera del Magreb y el Norte de África, con la del Estado español y Europa, con un mismo objetivo, la transformación socialista de la sociedad.